15 ago. 2016

E2.Cap4 - 'Der Dieter' el práctico...

[si presionan los links dentro del texto, -en verde- van a escuchar música y sonidos que me imagino para el texto, además de info sobre lugares en Berlín]

Un teléfono celular gigante empieza a vibrar tan fuerte que se eleva en el aire con cada sacudón… unos brazos musculosos empiezan a crecerle cual tentáculos… volando llega a la cocina y agarra una enorme cuchilla… una lluvia de espárragos se cierne sobre las hornallas y la cuchilla los va rebanando al ritmo de Back in Black de AC/DC… el celular tiene unos ojos rojo sangre enormes … empieza a perseguirme como un viento huracanado cuando empieza a sonar…fuerte, muy fuerte, cada vez más fuerte… el sonido entra en mi tímpano taladrándomelo… El otro brazo musculoso me apunta como general dirigiendo a su tropa y una ráfaga de espárragos empieza su ataque… ¡¡¡a ellaaaa!!!

¡¡AAHHHH… nooooo!!!  ¡¡Con los espárragos nooooooo!!


Sacudo la cabeza para esquivar el ataque… abro los ojos bien grandes y el techo…

¿¿¡¡Ehhhh??!! ¡¡¿¿Un techo??!!

[se corta la música de AC/DC de repente]

Mi cabeza queda apuntando al cielorraso, solo muevo los ojos… para la derecha… para la izquierda…¡¿y los espárragos dónde están?!

A un lado en mi mesita de luz mi celular suena y vibra…como un celular normal, claro…
Al otro, la mesita con la notebook… y un capítulo de Hannibal congelado en la pantalla…

Atiendo en un espasmo…

-¡Por fin, nena!  ¡Qué tomaste?!  ¡Sos un lirón!  Estoy abajo. Toqué el timbre como loca pero nada. El celular era mi último recurso.
- ¿El timbre? ¿Acá? ¡¿Pero quien pasa por la casa de alguien en este país sin agendarlo un mes antes?!

Me asomo al balcón y ahí estaba Simona, mi amiga italiana, con sus lentes negros y vestida de noche.

-Ciao bella, te agradezco la elegancia, pero no era necesario… a mi casa podés venir de elegante sport… ¿qué hora es?
-Las 8, cara, es que la fiesta fue larga y hay un sol divino.. por eso heme aquí para ir al mercado a desayunar… ¿estás con resaca que no me oías?
-Nada que ver, me hice una maratón de Hannibal… y tuve unos sueños rarísimos, después te cuento…
-Te aseguro que mis historias son más freudianas que tus sueños... ¡hacé mil que no charlamos! así que abrime y dejá de gritar desde el balcón que estamos en Alemania.

Mientras me cambio, sin pensarlo me encuentro buscando espárragos escondidos debajo de la cama…

Es un día hermoso.  Así que después de abrirle y todavía medio zombie, me cambio.

Como calzamos lo mismo, Simona cambia los stilettos por unas ballerinas.  Aunque en Berlín podría salir con una bolsa de papas de vestido que nadie la miraría. Ya he visto por la calle varias personas en pijama.  Es algo que me encanta de mi ciudad adoptiva, cada uno usa lo que quiere.   Es casi imposible saber que está de moda.  Que no es una desventaja.

Antes de seguir plácidamente rumbo al mercado de Kollwitzplatz, paramos en mi café favorito por un buen espresso.

-Pero contame de tu noche, así me despertás
-Una salida con ex-compañeros de la facu por el cumple de Giulia.  Éramos unos 8.  Nos encontramos en un bar en Mitte. Después queríamos ir a bailar, nada de tecno. Así que terminamos en Kaffee Burger.. ya sabés que cuando caemos ahí no salimos hasta que sale el sol y después directo a la pizzería de en frente para el desayuno.

-Esa pizza finita es buenísima…
-Pero el punto cúlmine de la noche fue ‘el encuentro’
-‘el encuentro’?
-No sabés con quien me encontré..
-¡Decimeeeeeeee!
-Con ‘Der Dieter’
-¡Quién?
-¿No te puedo creer que nunca te conté?
-Nunca jamás…

Mientras caminamos, Simona me cuenta que conoció a Der Dieter -o ‘El Dieter’ en castellano- en su primer verano en Berlín.
Había conseguido un trabajo temporario repartiendo publicidad en distintas esquinas de la ciudad.
                                                                                          
-En mi segundo día se me acerca Antonio Banderas.
-¿Qué? ¿No me digas que estaba filmando algo justo ahí?
-Noooo, mujer… quiero decir uno igualito a Banderas.
-Ahh… sigo dormida…
-Morocho, alto, delgado… ojos curiosos. Un alemán camuflado de latino. Me dijo algo al llevarse un flyer y se fue.
Unos minutos más tarde lo veo pasar de nuevo con la bicicleta.  Y otra vez.  Al final vuelve y me pregunta hasta cuando trabajo, si quiero ir a tomar algo con él
-Y vos ya te imaginabas secuestrada por Banderas tipo en ‘Átame’ de Almodóvar.
-¡No! vos y tu cultura fílmica… Acordate que no conocía a nadie, así que acepté.

Al tiempo estaban saliendo. Der Dieter tenía unos 30 años y había empezado tarde a estudiar odontología. Le faltaban unos dos años para terminar. Ella rondaba los 22 y todavía estudiaba en Frankfurt am Oder, a unos 100 km de Berlín.

-Terminó el verano y volví a la facu. Aunque casi todos los fines de semana los pasaba con él, que alquilaba un apartamento de un ambiente en el oeste de la ciudad.
-En realidad hasta ahora no veo el por qué de ‘Der’ Dieter, parece bastante normalito.
-Claro, para mí también. Además tampoco nos veíamos tanto… y como estaba medio enamorada, si mandaba alguna señal rara no me daba cuenta.
-Digamos que a éste también lo habían sacado 5 minutos antes del horno… ¡como a Mark!
-No nos adelantemos, ya evaluaremos cuantos eran los minutos..-mientras se le dibuja una sonrisa maléfica.

A esta altura del relato, ya estábamos en el mercado.  Estaba lleno de gente relajada y sonriente.  El sol cambia instantáneamente el humor de todos los berlineses.

Llegamos al puesto de falafel y el dueño como siempre:
-¡Degustación de falafel, degustación de falafel!  ¡Vamos que probar es gratis! –convidando a la gente que pasa.  Los tímidos alemanes siguen caminando, pero ante la insistencia paran y como sigilosos vuelven para probar. Y el que prueba compra. ¡Son riquísimas!

Este mercado es digamos un poquín elegante, nada de feria común de barrio… ¡Hasta se  pueden comer ostras con champagne! Se encuentran artículos artesanales, miel ecológica, especias, flores, frutas y verduras, claro… pero acá los verduleros normalmente no gritan.. solo al final del día anuncian sus ofertas. 

-¿Pero cómo era como novio?
-Bueno, bastante caballero pero romántico poco y cariñoso menos.   Pero viste como es, lo opuesto atrae.
-¿Y cómo amante?
-Hmmm –con cara pícara al recordar –   ¡¡Cumplidor!!  Así que bien… -y otra vez una carcajada.

Encontramos una mesita libre en un café frente al mercado. Casi al unísono pedimos los segundos cafés de la mañana y unas croissants.

-Era un chico práctico. Pero yo con mi corazón latino pensaba en él todo el viaje a Berlín... en correr a abrazarlo... en una noche de pasión...

Y él me recibía con los brazos abiertos, sí... pero...

¡¡¡para sentarme en una silla y hacerme una limpieza de dientes!!!   ¡¿Entendés?! 
Para Der Dieter una buena profilaxis en casa… ¡era como un orgasmo!

-¡¡¡Nooooooooooooooo!!! –atragantada con una croissant.
-¡¡¡Síííííííííííííííííííííííííííííííííííí!!!  Pero imagínate bien la situación:  yo con la boca bien abierta y él metiéndome ese aparato lleno de pasta en la boca… y pensá que yo venía preparada para  estrenar mi ropa interior sexy nueva… ¿me entendés ahora?

Yo no podía respirar de la risa. Tuve que hacer fuerza para no escupir para todos lados.  Y Simona que me representaba la escena abriendo la boca y usando una croissant como si fuera el aparato odontológico.

-¡Pará, Simona, pará!- tratando de que deje la performance. Pero ella seguía y ahora me mostraba los dientes como publicidad de dentífrico…

Empiezo a toser y reír al unísono… un chico de una mesa contigua se acerca con cara de pánico a preguntarme si llama a emergencias.  Muevo las manos tratando de explicarle que no es nada, pero él entiende que estoy muy mal y empieza a pegarme en la espalda… hasta que Simona, para salvarme de los golpes, lo toma del brazo y le explica que estoy bien… que no se preocupe… sin dejar de reírse, por supuesto.

El buen samaritano resulta ser un francés llamado Ludovic de visita en la ciudad, que capta inmediatamente toda su atención…dándome tiempo de recuperar el aliento…


Abro grandes los ojos mirando a Simona… Pero ella está  perdida en el acento de su Inspector Clouseau.  

Era el otro teléfono.

-¿Hola? –tratando de recuperarme.
-¡Hola! –con voz agitada- ¡aquí Berlín!

Tiene una voz simpática, un acento que no conozco, lindo.

-Qué bien, te puedo devolver tu celular..
-¡Espero! Estoy ayudando a un amigo con la mudanza, pero a la tarde me libero.  ¿Café? Me prometiste…
-Sí, claro.  Solo tengo algo entre las 2 y las 3 ...
-Me pasás tu número..? por las dudas... te llamo mas tarde para confirmarte la hora.   Espero sobrevivir a los 3 pisos por escalera subiendo y bajando muebles…Estoy por Prenzlauer Berg, ¿y vos?
-¿En serio? –con una gran sonrisa- Yo también.
-¡¡Sacha, qué eso es muy pesado, esperá que te ayudo!! Disculpame, me necesitan, chau chau.

Me quedo con el teléfono pegado a la oreja a pesar de que había cortado.

Y nadie notó como mis ojos brillaban recordando el vuelo en el andén…  

Esta vez me lo permito.




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