19 mar. 2017

E2.Cap 5 - El caballero volador... herido...


Mi caballero ayuda a su amigo con la mudanza… ¡y por escalera! es un angelito… y seguro que es muy fuerte… sí, sí… Levantó la valija de aquella señora con tanta facilidad… Obviamente con unos brazos bien formados.  Me acuerdo de su camisa arrugada…

- ¡Uy, nena! ¿En qué planeta estás? Claramente mejor porque ya estás en la luna… No quiero ni saber en qué estás pensando… ¿Caminamos un poco? Ludovic nos acompaña.
Sí, estoy mej…¿Ludovic?
- María…  Ludovic… El único que te quiso salvar de morir… claro que no sabía que era de risa.
- Bonjour.
Ah, es francés.  Ahora entiendo.
-Bueno, caminemos.

Ludovic es de Versailles,  cuna de la Revolución Francesa al sur-oeste de París.  Está en Berlín visitando a un amigo. Anoche salieron hasta bien tarde y su amigo sigue durmiendo.  Por como mira a Simona estará agradeciéndo al dios del sol toda la semana por no haberlo dejado dormir.

Damos unas vueltas por el mercado mientras mi querida italiana le cuenta historias de Berlín. Le sugiere los top-hits para ver en un fin de semana y claro, sus desinteresados servicios como guía amateur.

-¡C’est très intéressant!  Parece que un fin de semana no me va a alcanzar. Tendré que volver. Además, es una ciudad muy amigable… quiero decir…
-Sí, todos dicen lo mismo. Todavía seguimos acá, ¿no?  Es una ciudad que no te ataca. Berlín te deja ser… 


A no atosigarlo con mis teorías sociológicas sobre Berlín. Ya habrá tiempo cuando vuelva.

-Chicos, me tengo que ir, ¿no se enojan?   Llega mi esperada hora de ¡masaje tailandés!
-¿Cómo... qué decís…? –Simona sin despegar sus ojos del francés.
-Nada, que se diviertan – Comprobado. Vuelve seguro.

Llego unos minutos antes a mi sesión de tortura: el masaje tailandés es bien fuerte y me encanta … ¡Y nada de conclusiones psicoanalíticas! Para las contracturas por la compu es lo mejor. Además me equilibra.

Sung, mi tailandesa favorita, pregunta si no me molesta que usemos el cuarto para parejas, el que tiene dos camas. Me explica que está todo ocupado, que no hay ninguna otra reserva para esta hora y que tiene una cortina divisoria. En  caso venga otro cliente, claro.  No veo problema y acepto.

Empieza como siempre por los pies, va subiendo por mis piernas y después de unos 20 minutos, ya está trepada sobre mi espalda cual toma de lucha libre.   Los nudos de mi espalda van cediendo a sus poderosos deditos, codos, brazos, rodillas …

Escucho voces, varias voces viniendo del pasillo. Raro, porque siempre está tipo monasterio budista.
Se asoma otra de las masajistas y Sung me dice que la disculpe.  Aunque su tono de voz y su sonrisa nunca cambian, dice que es medio una emergencia.  Al minuto está de vuelta.

-Traen a una persona con mucho dolor en el cuello.  Necesitamos usar la cama de masajes de este cuarto.  Como está la cortina, no podrá verte.  Espero no te moleste, es realmente una situación especial.

-Claro, por supuesto –mientras me voy escondiendo debajo de mi toalla-cubierta.

Entra un joven acompañando a otro que se oía bien dolorido.

-Y yo que te decía que no te hagas el Superman con las cajas pesadas, ¡y me pasó a mí!  ¡Ay mamita que dolor… ayyyy!
-Vas a ver que acá te lo solucionan, Max.  Vas a salir nuevo, tratá de relajarte.  ¡Valor Maximovic!


¡¡¿¿Max??!! ¿Escuché Max..? ¿Maximovic...?

Nooo, no puede ser. Pero el acento es igualito… Y dijo que estaba en Prenzlauer Berg…y con cajas pesadas en una mudanza…. ¿será? 

Saco un poco mi cabeza de la cubierta.  Del otro lado de la cortina, la luz de la ventana dejaba ver claramente a dos hombres y uno de ellos …uy, se está sacando la ropa…

Esa es la silueta de una espalda generosa.

Cabe destacar que considero una gran virtud el encontrar algo positivo en cualquier situación dramática.


-Sacha, por favor buscá mi teléfono…  -mientras se saca los pantalones- me tenía que encontrar con María, ¡ay! le tengo que avisar.

-¿Con quién? Tu teléfono quedó en casa, así que tendrá que esperar. En un rato te lo traigo.
-Dale, no quiero que piense que la colgué...
-Ya voy a buscarlo, vos relajá.

¿Escuché bien? ¿En medio del dolor se acuerda de mí… de mí… de míííííí…? Si es que es él, claro…

Sung entra y vuelve a cabalgar sobre mi espalda. Pero yo sigo prestando atención a la charla contigua.

- Mi amigo está de mudanza, lo estoy ayudando. Todo el día levantando muebles, cajas.. Iba todo bien, o casi, solo un poco de dolor en el cuello.  Cuando mi amigo salió a comprar unas cosas, me recosté en el sillón. Solo quería descansar un momento, pero me quedé dormido.  Mi cuerpo se fue acomodando a lo que había en el sillón: unos libros apilados… Así mientras dormía mi cabeza fue encontrando lugar en una posición rarísima. Es que estaba tan cansado… Cuando me desperté no podía mover el cuello, quedé con la cabeza torcida. ¡Y un dolor enorme al tratar de enderezarla!  

- Bueno, bueno, mejor no hables, y respirá profundamente… tratá de relajarte…

Escuchando el relato yo ya no sentía nada más: las torturas masajísticas de Sung eran como caricias sobre nubes flotando en una brisa de verano…

- Listo.  ¿Aceptás un té?
- No, gracias Sung, hoy no. Tengo que irme rápido –en realidad tengo que escaparme rápido...

Mientras me cambio apurada escucho:

-Acá te traje el celular así llamás a ¿Maru?
-María… gracias! Ya le escribo un mensaje

Mientras escribe, pago mi sesión de masaje y su amigo Sacha viene a la recepción...

‘Hola, disculpame pero tuve un inconveniente de salud, nada grave pero… no nos podremos ver. Te cuento más tarde. Max’. <enviar>

Mi teléfono empieza a sonar con ‘Don’t worry, be happy’, mi ring-tone … ¡oh, no! ¡Olvidé dejarlo en modo silencio!

Empiezo a buscar desesperada mi celu en el agujero negro de mi cartera que todo lo devora. Los dos me miran sin entender mi búsqueda descontrolada … Al fin lo encuentro y logro silenciarlo.
                                                                                   
-Parece que no le hacés caso a tu teléfono –me dice Sacha
-ehhh… ¿cómo? –tratando de forzar una semisonrisa. No puede ser que se haya dado cuenta de todo..
-Digo, por lo de ‘don’t worry, be happy…’ -tararea.
-Aahh  ja ja ja –me río nerviosa y aliviada-  es mi …ehhh… alarma -saludo y salgo a la velocidad de la luz.

Y sí, es él.  Bueno, creo… casi segura. A ver si me equivoco… Mejor me quedo cerca hasta que salgan. Aunque son demasiadas coincidencias.

Me quedo.

Cruzo la calle y voy detrás de un árbol.  
Ridículamente detrás de un árbol.  Una boba total. 

Demoran solo unos diez minutos.  Sale caminando todavía dolorido. 

Mi caballero volador tiene sus alas heridas.


Habrá que ayudarlo a volar de nuevo 😉

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